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Los problemas en una escasa documentacion de proyecto

Uno de los principales problemas que tienen las ejecuciones de las obras de arquitectura, que se realizan últimamente, es la ausencia de una documentación correcta y completa de parte del autor del proyecto. Si bien parecería que esta situación es sólo culpa de uno de los actores, cada uno de ellos tiene su parte de responsabilidad:



A - El proyectista
Los Profesionales se ven obligados percibir cada vez menores honorarios a causa de una despiadada competencia desleal que adolece de no tener el mismo parámetro de comparación entre lo que ofrece un profesional y otro, y por lo tanto sus trabajos difieren, ya que los estudios y análisis llegarán hasta donde han calculado sus costos, dejando para la etapa de obra, la documentación faltante. Por ello es común encontrar en los pliegos de licitaciones, que finalmente la responsabilidad de los detalles constructivos y demás estudios, es una obligación de la empresa constructora, condición que muchas veces es difícil de cumplir por la velocidad de la obra, con lo cual el profesional intenta desligarse de la responsabilidad de diseñar y estudiar la obra hasta el mínimo detalle, y de esta forma, comienza una batalla donde el profesional trata de demostrar que el constructor es un ser conflictivo y culpable de todas las fallas que suelen aparecer en el desarrollo de la obra y el constructor en su intento de desligarse también de los problemas que van surgiendo esgrime la misma estrategia, para justificar todos los motivos que lo llevan a pedir adicionales, cuando la única verdad es la ausencia de una documentación clara y completa, que debiera haber sido parte del pliego licitatorio, para que el empresario hubiera podido realizar un estudio económico correcto que luego no fuera motivo de una serie de reclamos por un análisis equivocado.

B - El comitente
En su exigencia por lograr los menores gastos posibles intenta pagar los menores honorarios posibles, creyendo que el gasto de esta etapa no es tan necesario, cuando precisamente es todo lo contrario, pues de la exactitud del estudio y de los planos saldrá el presupuesto más justo, ya que el empresario no tendrá dudas y por lo tanto no incluirá costos por posibles imprevistos. Esta exigencia de obtener menores erogaciones, el Comitente la tendrá para que el monto de la obra también sea el menor posible, sin darse cuenta que comienza a poner en riesgo el verdadero fin que es una obra de calidad y tiempo.

C - El constructor
Muchas veces, a pesar de contar con una documentación escasa, casi sin información (existen planos donde sólo existe gráfica, pero nada de información), termina presupuestando algo que de por sí, a sabiendas conoce que tendrá montones de sorpresas e imprevistos y que con ellos podrá resarcirse de los bajos costos con que tomó la obra. Sucitándose luego una serie de conflictos con el Comitente que no quiere pagar, y que sostiene que para eso contrató un profesional y que si se equivocó u omitió información debiera hacerse cargo de sus errores, sin conocer ciertamente que el primer error que se cometió es exigir tanto en lograr los menores honorarios posibles que ha puesto en riesgo la concreción de la obra.

Lamentablemente esto sucede porque nadie conoce claramente en qué consiste un proyecto con una documentación de obra completa o casi completa, ni siquiera lo expresa claramente nuestro bendito Decreto Ley 7887/55, el cual dice:
"Art. 46° - Se entiende por PROYECTO el conjunto de elementos gráficos y escritos que definen con precisión el carácter y finalidad de la obra y permiten ejecutarla bajo la Dirección de un profesional. Comprende:

1. Planos Generales (¿?), a escala conveniente (¿cuál es una escala conveniente, 1:100, 1:200, 1:2000...?), de plantas, elevaciones principales y cortes, acotados y señalados con los símbolos convencionales, de modo que puedan ser tomados como básicos para la ejecución de los planos de estructuras y de instalaciones.

2. Planos de construcciones y de detalles (¿cuántos, cuáles, qué escala...?).

3. Planos de instalaciones y de estructuras con sus especificaciones y planillas correspondientes (¿cuáles, cuántas...?).

4. Presupuesto, pliego de condiciones, llamado a licitación y estudio de propuestas (¿cuál es la oferta más conveniente?).

Resulta sumamente difícil con estas especificaciones poder saber ciertamente cual es la documentación necesaria para ejecutar la obra y más bien queda librado a la responsabilidad del profesional, a su ética y honestidad en cumplir con el cometido. Además deja totalmente desprotegido al Comitente que no sabe absolutamente nada del tema, pero que comienza a comprender cuando los errores se suceden uno detrás de otro, y las discusiones por trabajos adicionales van en aumento.

Sería bueno saber como fallaron jueces que hayan intervenido en conflictos de este tipo, para conocer qué interpretaron por proyecto y documentación, porque con los elementos existentes la subjetividad debe haber sido importante.

Los Colegios y Consejos Profesionales de Arquitectura debieran discutir esta cuestión y emitir un documento que realmente indique cual es el parámetro de comparación que no sólo servirá para el Comitente, sino también para los profesionales que en muchos casos creen que en 4 ó 5 planos han cumplido su tarea.

Además, aclarar este tema será importante para saber cuál es el costo de un proyecto y poderlo justificar ante el cliente que muchas veces cree que abusamos en nuestras pretensiones económicas.

Por arq. Roberto J. Rimoldi

Los Arq. y los honorarios profesionales

Dentro de los múltiples temas que se tratan en la carrera de Arquitectura, uno de los más importantes es el de los honorarios. Algo que parece muy simple, pero que muchas veces resulta complicado a la hora de poner en práctica.



El honorario es un derecho del profesional. El artículo 1627 del Código Civil consagra el derecho al cobro de honorarios, de aquel que pretende ganarse la vida con su arte o profesión. Las distintas normas arancelarias profesionales explican muchos mecanismos de fijación de aranceles mínimos por tarea profesional exigida. Y entonces todo parece tan claro como un cuaderno nuevo y prolijo antes de comenzar las clases.

No mucho tiempo después, pueden surgir problemas.

Por empezar, el cliente común puede verse confundido cuando tratamos de explicar cómo se descompone un honorario profesional. Poco le importa si se subdivide en croquis preliminares, anteproyecto, proyecto, dirección, etc. Tampoco le da importancia a la diferencia entre honorario profesional y utilidad o beneficio empresario, ya que toma estos conceptos como gastos propios de la obra, y no le interesa demasiado cuál es el destino del dinero que paga, siempre que estos gastos estén generados por la naturaleza de los trabajos.

En segundo lugar, en la mayoría de los casos, cuando el profesional toma a su cargo el proyecto, dirección y construcción de una obra, acostumbra exigir del cliente una paga por su labor. En esa paga -que puede ser un monto fijo sobre el valor de obra, o bien un porcentual- no se distingue qué parte corresponde al honorario profesional. Por lo tanto, el honorario queda subsumido en una cifra global, que muchas veces el profesional trata de no exponer demasiado públicamente.

Muchas veces el cliente medio requiere la presencia del arquitecto cuando acaba de adquirir un terreno y no sabe qué hacer en él, y gracias a ese intercambio surgirá un croquis preliminar que permitirá dar forma a los deseos del cliente.

Pero tras la etapa de proyecto, cuando se comienzan a elevar los primeros tramos de muro, el profesional comienza a ser prescindible. Ya está todo dibujado ("usted pretende cobrar por unos dibujos") y la obra está en marcha ("usted pretende que le pague por mirar como trabajan los obreros"), así que, más de una mente de poco vuelo piensa: ¿Para qué seguir con el arquitecto si la obra puedo dirigirla yo?

A esta altura resulta harto repetitivo seguir quejándonos de muchos clientes, que seguramente no cuestionan los honorarios de los médicos (por ejemplo) pero que deslegitiman el honorario del arquitecto. No es conveniente explayarnos sobre las actitudes e intenciones -manifiestas y ocultas- de muchos comitentes. Por ello, vamos a detenernos en el caso concreto del (para algunos) discutible derecho del arquitecto a vivir de su trabajo.

El cliente promedio no posee una idea clara del rol profesional. En el imaginario colectivo, el arquitecto es una especie de "intérprete gráfico" de las ideas del cliente, que plasma "su gusto" en forma de dibujos, para posteriormente "hacer trámites" en los organismos estatales que permitan el inicio de la obra. Entonces, muchos clientes desconocen las responsabilidades profesionales, pues cree que el arquitecto sólo está para dibujar y que se le paga en tanto no pretenda cobrar más de lo que cree que vale.

No se analiza que esa satisfacción de los deseos del cliente ocupa un tiempo muy valioso de nuestra vida, en el cual ponemos todo nuestro bagaje de conocimientos técnicos, justificaciones científicas y la propia experiencia profesional.

Lo cierto es, en cambio, que en la línea más pequeña de un croquis preliminar, estamos dando forma a un plan de necesidades y también aplicando principios básicos de restricciones al dominio -tanto legales como administrativas-, analizando diversas reglamentaciones sobre la construcción que condicionan todo lo que proyectamos, considerando los fondos que dispone el comitente para hacer frente a la obra.

No son simples dibujos. Y allí es donde la carrera universitaria debiera impulsar el tema del honorario profesional como un tema transversal en la Facultad.

Debemos admitir que en general los estudiantes siempre han realizado diseños para un inexistente comitente ideal. Y los honorarios, sus fundamentos y sus tablas arancelarias pasan a ser un punto singular de una asignatura que debe aprobarse en un examen, sólo como una instancia administrativa que resulta indispensable para obtener el título profesional.

Pero no sirve explicar un mecanismo arancelario de aplicación del honorario si el arquitecto no está plenamente convencido de exigirlo del comitente.

No sirve estudiar cada una de las tareas profesionales -principales o accesorias-, si en una primera reunión con el cliente éste se retira de nuestro estudio dando por hecho que vamos a trabajar gratis (sin tener ni siquiera asegurada la adjudicación del proyecto y sus etapas), porque en ningún momento nosotros mismos hemos dejado en claro que nuestra tarea lleva un costo. Y más allá de las posturas pro-arancelistas o anti-arancelistas del honorario (que sin duda darían lugar a un congreso), se trata de dejar claro que NUESTRA TAREA PROFESIONAL POSEE UN COSTO PARA QUIEN LA REQUIERE, y que es un monto al que tenemos derecho.

En síntesis, debemos tener en cuenta que:

- Los honorarios son la retribución por nuestro trabajo, para el que hemos sido formados en una carrera profesional.
- Los honorarios profesionales de los arquitectos no sólo deben ser un tema de estudio, sino una cuestión de superior interés en el ámbito universitario y terciario. Dentro de la currícula académica plantearse cómo dialogar con el cliente o comitente, de modo que se dejen en claro los roles de cada uno y el alcance de cada rol. Estos no deberían ser esfuerzos aislados, sino que las casas de estudio deberían adoptar una política común para su defensa.
- El rol profesional debe ser difundido, no sólo para diferenciarnos de carreras con incumbencias que se superponen con las nuestras, sino para crear en la sociedad un real concepto de la función del arquitecto, colaborando para que el cliente potencial sepa cuánto podemos hacer profesionalmente por él.
- Que en la relación cliente-arquitecto, se establezca la noción de "necesidad-respuesta". Si un potencial cliente se acerca a un arquitecto para requerir de sus servicios, es porque el primero tiene una necesidad y el arquitecto puede resolverla. Esa respuesta profesional es lo que genera el derecho al cobro de honorarios.
- El arquitecto debe utilizar la primera aproximación con el potencial comitente para dejar en claro el costo que puede insumir su labor. Y si el cliente no lo consulta, el profesional debe aclarar el punto para no generar posteriores equívocos y situaciones molestas.

Indudablemente el camino es largo, pero nuestro medio de vida depende de comenzar a revertir una concepción equivocada sobre nuestro rol profesional, y el derecho a recibir una compensación por su ejercicio.

por Arq. Claudio F. Torres
http://www.arquimaster.com.ar/

Fallas en edificacion

¿Quién responde por fallas en edificación? Es ésta sin dudas la pregunta más insistente y peor contestada en derecho de arquitectura y urbanismo. Intentaré responderla, adelantando que la respuesta no es simple.


1. Nuestro sistema de responsabilidad se funda básicamente en la existencia de culpa, definida por el Código Civil en su artículo 512 como la "...omisión de aquellas diligencias que exigiere la naturaleza de la obligación, y que correspondiesen a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar".

2. En nuestro derecho nadie es responsable por lo que es (por ejemplo arquitecto o ingeniero) sino por lo que hizo o dejó de hacer.

3. La concepción arquitectónica comienza con el diseño y existirá responsabilidad por vicios de diseño cuando la obra o el edificio proyectado por su altura, volumen, dimensiones, orientación o emplazamiento geográfico, forma, configuración o distribución, no se acomode al encargo profesional, al destino o naturaleza de la obra, a las leyes y disposiciones generales, a las normas urbanísticas o a la norma de diseño y calidad aplicables al caso.

4. Debe tenerse en cuenta que cuando la Ley Civil habla de obra se está refiriendo tanto a la obra material (por ejemplo: la construcción) como a la obra intelectual (por ejemplo: el proyecto).

5. La obra intelectual, se produce por secuencias, que van afirmando la concepción definitiva, y cuyo contenido origina diversas clases de responsabilidad de acuerdo a cada etapa, croquis, anteproyecto, proyecto básico, proyecto de ejecución y planos de detalles.

6. Finalizada la obra intelectual y aprobada por las autoridades de la Policía de la Edificación sobreviene la etapa de la Dirección de Obra que se define legalmente como el control de la fiel interpretación de los planos y de la documentación técnica que forma parte del proyecto y la revisión y extensión de los certificados correspondientes a pago de la obra en ejecución (art. 47 del Dec-Ley 7887/55).

7. Un director de obra responde también por su obligación de ordenar y dirigir los trabajos de ejecución material de la obra y por la de inspeccionar los materiales y mezclas, cuidando que reúnan las proporciones, dosificaciones, dimensiones y condiciones de calidad previstas en el proyecto o en sus documentos complementarios, asegurando la idoneidad de los mismos para servir a su destino en la edificación, a cuyo efecto tiene la facultad-deber de exigir las pruebas, ensayos y análisis que estime necesarios para comprobar la bondad y aptitud de los materiales antes de autorizar su utilización en la obra.

8. En el nivel de la construcción la Ley Civil imputa al constructor la responsabilidad por ruina total o parcial de la obra, si esta procede de vicio de construcción, vicio de suelo o mala calidad de los materiales (art. 1646 Código Civil), no aceptando la dispensa contractual de responsabilidad y extendiendo la misma al proyectista y director según las circunstancias de culpabilidad que se puedan demostrar.

9. Los empresarios constructores son también responsables de acuerdo al art. 1647 del Código Civil, por la inobservancia de las disposiciones municipales o provinciales de todo daño que causen a los vecinos.

10. Asimismo los empresarios responden por los vicios ocultos o aquellas diferencias que no pudieron ser advertidas en el momento de la entrega de acuerdo a lo que dispone el art. 1647 bis del Código Civil, introducido al Código Civil por la reforma de la ley 17.711.

Sin ánimo de agotar el tema, creo que lo señalado son las mínimas consideraciones a tener en cuenta cuando se desea hablar de responsabilidad legal en materia de edificación...al menos cuando se desea hablar en serio...

Contrato a riesgo o el riesgo en un contrato

Gustavo Lazienki, arquitecto y planificador urbano, era el prototipo de hombre prudente.
Con gran esfuerzo y sacrificio pagaba puntualmente sus seguros de vida, auto e incendio y robo en su vivienda.
Sin embargo, a la vuelta de la vida, lo esperaba
un contrato a riesgo...


El emprendimiento era colosal, magnífico. Se trataba ni más ni menos que de la creación de una nueva ciudad, de una nueva villa veraniega en las doradas playas del Este de la Provincia de Buenos Aires.
Ya existían muchos antecedentes de emprendimientos similares, algunos de los cuales habían glorificado para siempre el nombre del fundador, y otros, que en décadas pasadas resultaron un éxito económico de tal magnitud, que habían transformado el valor de cada hectárea en el valor de un pequeño lote, y todo ello por obra del valor agregado con la urbanización, la forestación y el particular diseño asignado al parcelamiento.

Para este fin, I.T.S.A. (Impulsora de Tragedias S.A.), ya tenía casi todos los elementos bajo control. Había dedicado los últimos doce meses a plantar pinos, que si bien no habían crecido adecuadamente, habían logrado transformar el páramo desértico en un lugar con futura sombra y color semiverdoso.

También se había realizado el contrato con los herederos del acaudalado progenitor, cuyo palacio instalado en la zona, sería el Club House de la ciudad a crearse. Los herederos entregaban las tierras -las arenas para ser más precisos- a cambio de los lotes centrales que se valorizarían, precisamente, por cuanto estarían pegados a la futura Municipalidad y campo de golf a crearse.

Sin embargo, aun faltaba una de las piezas fundamentales para el logro, y ello motivó el llamado urgente a Gustavo Lazienki, arquitecto de profesión y especialista en planeamiento urbano.

Lazienki concurrió a la primera reunión con sus carpetas de antecedentes, planes fotogramétricos y croquis preliminares.
Pocos minutos de conversación fueron necesarios, para que con su experiencia, creatividad y oratoria pudiera convencer a los directivos de la firma que su propuesta urbanística era lo mejor que podía habérseles presentado.
Con una mirada retrospectiva de similares realizaciones Lazienki explicó su política urbanística. Se empezaría por cuadriplicar el tamaño habitual de los lotes... se crearía un lago espejado para facilitar los deportes náuticos... se dividiría la playa en sectores, para no entorpecer a los veraneantes con la pesca deportiva y también se crearía un centro deportivo para niños, único en Sudamérica.
Los directivos propusieron la creación de un casino, donde las apuestas mínimas cuadruplicarían el monto vigente en la obra de Bustillo y aconsejaron suprimir la sombra en la playa con el viejo método de las sombrillas, sustituyéndolo con palmeras importadas de Brasil y parasoles de acrílico escarlata.
En sucesivas reuniones se fueron volcando los productos intelectuales logrados, que iban recibiendo aprobación con la mirada ansiosa de los comitentes... que a pesar de serlo, aún no habían pactado los honorarios profesionales del arquitecto.
Esta situación incómoda para ambas partes, motivó una reunión en la que se barajaron diversas posibilidades. Lazienki intentó autoasesorarse en su casa leyendo el arancel de honorarios profesionales para tratar de encontrar una respuesta a cuánto o qué cosa debía cobrar.
En realidad, no sabía qué arancel leer, por cuanto si bien el emprendimiento se iba a realizar en la Provincia de Buenos Aires, todas las reuniones con su comitente se celebraban en las amplias oficinas de I.T.S.A. ubicadas en el barrio de Palermo, donde también estaba situado su estudio profesional.
Como no sabía la respuesta, Lazienki leyó los dos cuerpos normativos. Leyó que en uno se le pagaría por cantidad de habitantes y como tenía un texto no actualizado sintió cierto escalofrío... "m$n 2 por habitante hasta los primeros 10.000..." no podía entenderlo... él, había planeado una urbanización con pocos habitantes y ahora era castigado por el sistema arancelario... siguió leyendo y ahora vió que también se le reconocería un pequeño porcentaje por las obras de infraestructura... pero hizo cálculos y en total sus honorarios no superarían a los del proyecto y dirección de una buena vivienda.
Desconsolado por falta de respuestas legales, Lazienki acudió a la reunión con su comitente y de pronto sintió que se hacía la luz.

I.T.S.A. le proponía un contrato a riesgo, en el que sus honorarios consistirían ni más ni menos que en el 5% del valor de los lotes urbanizados, más el 3% de la explotación del futuro restaurante VIP, más el 2% por la explotación de los servicios deportivos y de playa.
El ofrecimiento le pareció extraordinario. Es cierto que él debería correr con los gastos de su oficina y los permanentes traslados hacia el epicentro de la urbanización, pero por fin podría unir su futuro al futuro de la empresa urbanizadora.
En el momento oportuno, los directivos de la empresa hicieron concurrir al Dr. Staffe, gran especialista en cuestiones urbanísticas y de suma confianza, al punto de encontrarse emparentado con el presidente de la empresa tras el casamiento con su hija.
Staffe, ofreció como única solución posible, el reconocimiento de Lazienki como socio de I.T.S.A. con los porcentajes asignados por los directivos que en forma, unificada se fijaron en un 5%... y así se hicieron los "papeles", concurriendo Lazienki a la Escribanía para firmar el contrato social que festejó junto con su esposa, esa misma noche, en un boliche de moda.
Al fin y al cabo Lazienki parecía haber terminado con sus penurias de arquitecto, pues ahora, era empresario urbanístico o mejor aún “Developper”. Cambió su papelería, se hizo una nueva chapa y sello y nuevas tarjetas con su nombre y el de la empresa con su calidad resaltada de socio accionario.
A partir de ese momento, la producción de Lazienki fue excepcional; se entiende que urbanísticamente hablando, ya que en la faz económica empezaron a surgir algunos detalles impensados.

En primer lugar se le planteó una cuestión interna en su estudio. Los dibujantes arquitectos contratados y especialistas habían sido tomados por él y a él le reclamaban sus honorarios y sus gastos.
La oficina que había ampliado y el sector nuevo alquilado debía mantenerse de alguna forma y lamentablemente I.T.S.A. no cumplía adecuadamente con el envío de los pagos a que se había obligado.
Para colmo de males, una visita que realizó a la Costa le confirmó alguna de sus sospechas. La firma era tenazmente perseguida por la Municipalidad a los fines de que cediera por escritura pública los lotes a que se habían obligado. El Intendente lo conminó a hacerlo a él, en su carácter de socio, a lo que respondió que en realidad él era el arquitecto del emprendimiento… pero claro, el Intendente disponía del contrato social, donde Lazienki realmente figuraba como socio.

Un año más tarde, los retoños de pinos comenzaron a secarse, un grupo de habitantes –los del otro lado de la ruta- empezó a construir pequeñas casas con techo de zinc, muy cerca del emplazamiento del futuro lago espejado.
Durante el invierno y porque no había suficientes fondos para seguridad, fueron robados los faroles de las cuadras de entrada y el salitre empezó a carcomer los carteles indicadores de las calles internas.
Lazienki, endeudado con sus dependientes, ofendido con los contratistas y desilusionado con los directivos de I.T.S.A., que por único argumento le señalaban estar a la espera de un crédito, consultó a su abogado de confianza.
Su abogado le señaló que conocía la presentación en concurso preventivo de I.T.S.A. (Impulsora de Tragedias S.A.) y que de acuerdo a los antecedentes estudiados y conversaciones mantenidas con la sindicatura, era altamente probable que la empresa quebrara, con posibilidades serias de calificar en forma fraudulenta a sus socios…
Le prometió que lucharía por todos los medios para tratar de evitar que la situación concursal le fuera extendida…


(*) Abogado. Profesor titular honorario de arquitectura e ingeniería legal.

El cliente que no fue

Marzo. Todo empieza de nuevo. O al menos es lo que parece. Cada año, después de las fiestas de fin de año y los estivales meses de enero y febrero, la rueda de la industria de la construcción comienza a girar, o al menos es lo que el imaginario colectivo sostiene.



Como en años anteriores, éste arquitecto ha enfocado toda su energía en captar clientes en esta primera parte del año, de manera de poder recorrer con comodidad, el resto del calendario, viviendo de lo que sabe hacer: Arquitectura.

Primer lunes de marzo, 10 de la mañana. Suena el celular del arquitecto:

Desconocido: - Hola si, hablo con el arquitecto?-Arquitecto: - Si con el habla, con quién tengo el gusto?Desconocido: - Ah, si mire, soy Rubén V., saque su teléfono del aviso del diario…Arquitecto: - Bien, mucho gusto Rubén, usted dirá…Rubén: - Vea arquitecto, tengo intenciones de ampliar mi casa y por lo que leí en su aviso, usted se dedica a eso, como podemos hacer para vernos?- Arquitecto: -Dígame Usted Rubén un día y hora y voy a su casa para que charlemos-Rubén potencial cliente: - Tiene para tomar nota?, Manzana 1, Casa 15, Barrio “El Hornero”, anotó?-Arquitecto: - Si, cuando le parece?Roberto potencial cliente: Vea, yo salgo de trabajar a las 20, si le parece, 20:30 lo espero el miércoles.Arquitecto: Listo, ya lo agendé Rubén nos vemos el miércoles entonces, cualquier modificación, avíseme por favor… Adiós.-

Si usted es arquitecto, sabrá que esta es una situación frecuente. Ahora, ¿es correcto el proceder del arquitecto? Y digo del arquitecto porque a él recurre el cliente. Todos los libros de marketing y de servicios dicen que uno debe estar a disposición del cliente, ¿pero cual es el limite?

Miércoles, 20:25 hs. Barrio “El hornero”. El arquitecto llega cinco minutos antes del horario pautado a la cita. Comprueba que la casa de barrio ya ha sido modificada y ampliada, como casi la mayoría de las viviendas aledañas. Es mas, la casa colindante con la de Rubén potencial cliente, esta en obra.

20:30 con puntualidad británica, el arquitecto trata de presionar la ausente tecla del timbre, entonces se percata de la nota escrita sobre cinta adhesiva que notifica “no funciona”.- El arquitecto atina a golpear las manos, y entonces siente el ladrido de un perro, que por el tono parece ser de una raza pequeña. Se escucha una voz femenina pidiéndole silencio al can, y luego y aun tras la puerta cerrada se escucha la pregunta: -¿Quién es?...-- El arquitecto!, responde el ídem. Tenía una reunión con el señor Rubén V. a las 20:30...- agrega.- Ah si…- Dice la señora y agrega, - Pero mi marido no llega todavía- El arquitecto, ante la situación solo responde, - Esta bien, lo espero…-El arquitecto vuelve a su auto masticando un poco de bronca y pensando que a veces no sirve de mucho la puntualidad.21:05. un auto llega a la casa 25 de la manzana 1 y entra en la cochera descubierta. Baja un señor que mira de reojo la presencia aun extraña del arquitecto estacionado con su auto en la puerta de su casa. Se acerca y pregunta… - Usted es el arquitecto?- -Rubén?- , pregunta el arquitecto. Si! dice Rubén… pase y disculpe la tardanza pero hoy fue un día complicado.-

Acto seguido, Rubén potencial cliente, le muestra la ampliación que pretende hacer: Techar la cochera y sobre ella levantar un dormitorio con baño para el hijo que se va a casar el próximo año, probablemente. Unos 30 metros cuadrados, tal vez menos…

El arquitecto, presto y mostrando voluntad de trabajo, toma notas, mide y saca fotos. Es un profesional y como tal, se comporta ante los ojos del cliente.

Rubén finalmente le pide al arquitecto que si puede hacerle un “croquis” y un presupuesto, a lo que el arquitecto responde que con mucho gusto y que en un par de días estará comunicándose con el potencial cliente.

Como profesional y hombre de palabra, el arquitecto el día viernes se comunica con Rubén, y acuerdan reunirse de nuevo en casa de este, a las 21 esta vez.

El arquitecto le entrega a Rubén el “croquis” y un presupuesto aproximado de obra y de sus honorarios por proyecto y dirección de obra. Rubén acepta los papeles y tras un breve vistazo le informa al arquitecto que lo llamará cuando tome una decisión.

1 de Abril, 10 de la mañana. No hubo noticias de Rubén Potencial Cliente. El arquitecto se decide a llamarlo, cosa que no hizo antes para no “presionar” ni parecer desesperado.

Quiero aclararle que esta historia tiene dos finales, los dos poco felices, elija el que mas le guste.

Final 1: Arquitecto: - Hola Rubén?-Rubén: - Quien habla?-Arquitecto: El arquitecto, como le va?- Rubén: Ah! arquitecto como le va… mire no lo llame porque decidimos no hacer nada.Arquitecto: … y puedo saber porque la decisión?Rubén: Si mire, preferimos cambiar el auto porque no llegábamos al presupuesto que nos pasó… entonces decidí cambiar el auto y que espere la casa. Arquitecto: Muy bien… cuando se decida téngame en cuenta… Adiós.Final de la Historia 1.

Final 2: Arquitecto: - Hola Rubén?-Rubén: - Quien habla?-Arquitecto: El arquitecto, como le va?- Rubén: Ah! arquitecto como le va… (Silencio)Arquitecto: Que pasó con el proyecto de la ampliación?Rubén: La verdad es que conseguimos un presupuesto más barato que el suyo, así que estamos haciendo la obra con un albañil. Arquitecto: …. (Silencio) Me podría haber avisado Rubén… me quede esperando su llamado, al menos para decirme que no. Bueno si me necesita para hacer el relevamiento ya sabe mi número. Adiós.-

Final de la historia 2.-



Veamos y analicemos paso a paso:
Primer error: El arquitecto le pregunta al posible cliente cuando puede recibirlo. A ver…. Pensemos en un abogado. Imagínese usted que por alguna razón necesita los servicios de un abogado. Dígame la verdad, lo llama y le dice si puede venir a su casa después de su trabajo? Se imaginará cual es la respuesta, no del abogado, sino de la secretaria del abogado, verdad?. Seguramente la secretaria le dirá el Dr. Fulano atiende de 16 a 20 en su estudio, previa cita acordada telefónicamente y los honorarios de la consulta son tantos pesos.
Segundo error: El arquitecto va a la casa del posible cliente y sin aclarar que está realizando ya un trabajo, releva, mide, fotografía y encima se compromete a presentarle un croquis y un presupuesto estimativo 48 horas después, sin siquiera haber mencionado que eso es parte de su trabajo y que debe cobrar honorarios por ello.
Tercer error: El arquitecto finalmente entrega el trabajo que le demandó tiempo, esfuerzo, creatividad y conocimiento del tema. Sin más, va y le deja en mano, el trabajo de dos días de su tarea profesional.
Cuarto error: Esperar que el posible cliente lo llame. Y esperar mucho tiempo que el cliente lo llame.
Quinto error: Ya es demasiado tarde para reclamar honorarios por el tiempo y el conocimiento puesto al servicio del posible cliente. Sino fue aclarado de entrada, ya no habrá forma de reclamar nada.

Esta es la historia del Cliente que no lo fue. De este tipo de historias conozco muchas, incluso con algunos finales más patéticos, como por ejemplo, enterarse que solamente utilizaron al arquitecto para “comparar” precios con el albañil que previamente había presupuestado la obra. O peor aún, haber utilizado la documentación gráfica que presentó el arquitecto para que el albañil de confianza se “diera una idea” de cómo hacer el proyecto.

Entonces, si Usted es un profesional, actúe como tal. Si usted es un potencial cliente, no se asuste, sorprenda u ofenda si en la primera reunión le dicen que le van a cobrar por cada tarea que realice el profesional. De esta manera cada quien obtiene lo suyo, y todos en paz.



Arq. CARLOS GRISOLÍA
Director de CETArq.
http://www.cetarq.com.ar/

Que es un analisis foda

El análisis ''FODA'', también conocido como DAFO o SWOT (strengths, weaknesses, opportunities, threats) por sus siglas en inglés, nos permitirá explotar nuestras fortalezas y tomar ventajas de las oportunidades que se nos presenten. Por otra parte, nos resguarda nuestros puntos débiles de las amenazas que surgirán en el mercado.


Además, este análisis nos permitirá optimizar los recursos y desarrollar estrategias de marketing más eficaces, para que nuestro negocio pueda enfrentar con buenas chances el altamente competitivo mercado actual.

Para ello, veremos desde una perspectiva interna nuestras fortalezas y debilidades, y desde una perspectiva externa, las oportunidades y amenazas que nos presenta el mercado.

~- Perspectiva interna: Fortalezas y Debilidades
~- Perspectiva externa: Oportunidades y Amenazas
~- SWOT (strengths, weaknesses, opportunities, threats)

Análisis FODA: Fortaleza

Para descubrir nuestras fortalezas, deberemos conocer cuáles son las ventajas competitivas que contamos en nuestro mercado. Una forma de saberlo, es haciendo una lista de los productos y/o servicios que tenemos intenciones de comercializar, con sus respectivos puntos fuertes.

~- Descubrir las ventajas competitivas
~- Listar productos y servicios con sus respectivos puntos fuertes.

Análisis FODA: Debilidades

Ahora deberemos agregar una columna a la lista anteriormente mencionada, en la cual se escribirán los puntos débiles de los productos y/o servicios enumerados, pensando simultáneamente, una estrategia para protegerlos o para minimizar las consecuencias negativas que pueda traer aparejada esta debilidad.

~- Listar productos y servicios con sus puntos débiles
~- Pensar cómo protegerlos
~- Ver qué se está haciendo mal y cómo mejorarlo

Análisis FODA: Oportunidades

El siguiente paso es localizar las oportunidades que tenemos actualmente en el mercado, descubriendo tendencias o posibles rumbos del mismo. Una vez ubicadas, se tendrá que evaluarlas pensando cómo podemos aplicar nuestras fortalezas para potenciarlas.

~- Descubrir tendencias
~- Localizar las oportunidades
~- Evaluar sus posibilidades
~- Aplicar nuestras fortalezas para potenciarlas

Análisis FODA: Amenazas

El último paso consiste en revisar las amenazas que estamos enfrentando hoy, y que podremos llegar a enfrentar en el futuro. Aquí entran en consideración aspectos tales como la situación macroeconómica, leyes gubernamentales que puedan afectar nuestro mercado y, la competencia, tanto del exterior del país como local.

~- Competencia
~- Obstáculos financieros, tecnológicos, etc.
~- Leyes gubernamentales
~- Economía global
~- Situación macroeconómica

Análisis FODA: competencia

En cuanto a la competencia, deberemos enumerar los cinco competidores más cercanos, los competidores indirectos, en qué difieren sus productos y/o servicios de los nuestros, y cuáles son sus fortalezas y debilidades, tratando de aprender finalmente de sus estrategias de mercado.

~- Cuales son los competidores directos
~- Cuáles son los competidores indirectos
~- Diferencia de sus productos con los nuestros
~- Aprender de sus estrategias de mercado

Fuente: http://www.cetarq.com.ar//

Arquitectos: a reinventarse

Reinvención es la palabra más frecuente en boca de arquitectos durante los últimos años. Acostumbrados a solucionar problemas de diseño para hacer espacios más habitables y armoniosos con el medio ambiente, la recesión económica también los ha puesto a diseñarse alternativas para enfrentar los retos de la profesión.



Ya se habla que la presente situación supera la acontecida a principio de los 70 debido a la crisis del petróleo, cuando igual quedaron muchos edificios a medio construir, cayó el precio de las estructuras y hubo una emigración de arquitectos.

Las oportunidades de trabajo escasean y los proyectos que quedan se buscan comisionar a bajo costo, lo que igual le reduce las ganancias a los arquitectos. Los ingenieros y demás profesionales vinculados a la construcción andan por el mismo camino.

Para el arquitecto Doel Fresse, son muchos los arquitectos que se están reinventando, “pero es complicado porque cuando estudias arquitectura es difícil deshacerte de eso aunque intentes cambiarte de carrera o hacer otras cosas”. No obstante dijo que la situación económica y la falta de trabajo los ha llevado a explorar carreras afines u otras como la administración de empresas, o diseño paisajista, “pero a veces son cosas que no tienen mucho campo aquí y tampoco en otros países, porque esto es una situación global”.

Fresse, quien tras probar suerte en una firma de arquitectos con otros colegas en México, regresó a la Isla y ahora labora a tiempo parcial para una firma privada. “Aquí el problema también es el enfoque de la arquitectura, porque se debería trabajar más con lo construido, con esos centros urbanos, rehabilitar espacios, y el gobierno debe reefocarse en eso, y no tanto a querer construir más”, opinó el joven arquitecto.

“Yo estoy buscando otras opciones, hago diseño gráfico e ilustraciones y me gustaría hacer diseño de productos pero no hay manufactura aquí y todavía no hay la apreciación del diseño por la gente”, señaló Fresse, quien estudió en la Escuela de arquitectura de la Universidad de Puerto Rico y obtuvo un máster en Parson Schools of Design en Nueva York.

Por su parte, Olga Torres, quien tiene una firma de arquitectos con su esposo Eduardo Regis, mencionó que ante la baja significativa en contratos para proyectos “lo que hemos tratado es de diversificarnos y buscar otras cosas. Uno mismo crear proyectos y vender la idea. Vemos proyectos más pequeños, se ha reducido más la oficina, soltamos empleados, muchos se han ido a estudiar, otros dan clases, algunos colegas han cerrado oficinas, ha habido muchos recortes”.

Según Regis, previo a la recesión y la caída del sector hipotecario y el de la construcción, diversos eventos también han incidido sin que la opinión general los identifique. Por jemplo, comentó del cierre de la base militar Roosevelt Roads y como esto redujo el valor de propiedades en la región este y el estancamiento de proyectos.

Igual añadió que tras el cierre del gobierno en 2006, “todo se fue el piso, y a las dos semanas del cierre todos los clientes detuvieron proyectos y sólo un 30% los reanudaron”. Regis explicó que si antes tenían un 75% de su volumen de trabajo en el sector privado, eso se redujo a un 5%.

“Es crítico. Y lo que me preocupa de eso es que esto que está ocurriendo es un barómetro de lo que habrá en años venideros porque no habrán obras significativas en el País. Si ahora no se están sometiendo diseños y pasan dos o tres años en lo que se tramita la aprobación de una obra, no tendremos esa actividad en el futuro inmediato”, manifestó Regis.

Fuente: http://www.cetarq.com.ar//

Herramientas de control en la direccion de obras

José llega a su trabajo después de 45 minutos de pedalear en su bicicleta. Saluda al sereno de la obra que esta por retirarse, deja su bicicleta y saca de su bolsito la ropa de trabajo. Se cambia y a las 8 en punto esta ya ubicado, cuchara en mano en su tarea asignada. José es hijo y nieto de albañiles. Como legado familiar heredó el mismo oficio que su abuelo inmigrante, y su padre: “laburante del tablón”.


José sabe como se hacen las cosas en una obra, porque aprendió al lado de su padre, porque “desde chiquito estoy en obra”, según cuenta orgulloso.
José tiene ya 40 años y hace casi 30 que aprendió el oficio. Hace 30 años que hace las tareas de obra de la misma forma. Pero en realidad si acumulamos los años de trabajo de su padre que hoy esta retirado pero hace algunas “changuitas” y de su abuelo -que en paz descanse- la sumatoria nos daría como “80 años de experiencia en el rubro”.

La pregunta es: ¿80 años de experiencia nos garantizan que las tareas encomendadas son realizadas correctamente, dentro de normas y especificaciones, manteniendo un estándar de calidad, cumpliendo con el objetivo final de cualquier tarea que es satisfacer al cliente?
La respuesta definitivamente es NO. Y lo reafirmo por si no quedo claro: NO.

Podríamos filosofar sobre si el oficio aprendido por tradición oral-practica es conceptualmente correcto. Dejemos esta posibilidad abierta a los artesanos y artistas en general. Pero cuando hablamos de industrias como lo es la construcción, (por mas que el código civil diga “el arte de construir”), debemos tener en claro que tienen que existir estándares a cumplir, estándares que surgen de una evolución lógica de los tiempos y que van modificándose hacia niveles mas altos con el devenir de las nuevas técnicas de trabajo y la aparición en mercado de materiales novedosos.

Como Directores Técnicos de las obras que abordamos, nuestra responsabilidad es la de HACER DOCENCIA, es decir, transferir al operario los conceptos del PORQUE se hacen de esta forma las tareas. El COMO se hace, surge por analogía.

Es ahí donde nosotros como profesionales debemos implementar una metodología de trabajo, que permita visualizar y registrar las instrucciones de trabajo y su correspondiente verificación en registros de cada una de las tareas que se realizan en la obra.

Vamos a ver: Como Director Técnico debo impartir instrucciones de cómo se debe hacer una tarea; bien, si lo hago solo de forma verbal, sabido es que “a las palabras se las lleva el viento”, por lo que el único responsable de que las cosas no se hagan correctamente será... EL DIRECTOR TECNICO.

Entonces, como nos cuesta tanto llevar un libro de obra, tal vez la forma mas práctica de documentar la ejecución de una obra sea mediante planillas elaboradas en base a cada tarea, donde a medida que se avanza en el desarrollo de los trabajos de construcción, se constata el cumplimiento de los procedimientos necesarios para realizar la tarea correspondiente.

Las herramientas que para esta tarea necesitamos, son apenas dos:
1° - Instructivos de trabajo: Se detalla secuencialmente los pasos a seguir, tarea por tarea.
2° - Listas de chequeo: Una vez realizada la tarea, se comprueba en planillas el cumplimiento de estas.

Es menester para esto, conocer cuales son los pasos a seguir en el proceso constructivo de cada rubro. Esto no solo lo brinda la experiencia sino la capacitación y actualización permanente.

Para finalizar, y a modo de conclusión, considero que José, el albañil y el Director Técnico de la obra se sentirían mas resguardados y confiados si en cada tarea que se encara, existiera un “ayuda memoria” que permita no saltearse ni olvidarse ningún procedimiento de trabajo y que a medida que se van realizando, se certifique en una planilla su cumplimiento.

Esto a la postre permitirá un control de gestión de la obra, detectar donde se producen las fallas en la relación, Director – dirigido, sistematizar y educar al operario para que la tarea sea realizada una sola vez y correctamente, brindarle al Director de Obra la tranquilidad en cuanto al cumplimiento de su responsabilidad técnica, y por sobre todas las cosas: arribar a un resultado eficiente y beneficioso.









Por el Arq. CARLOS GRISOLIA
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